20.10.08

Memorias solitarias...

Número 1

Una noche me bastó para perderme en tu mirada.

Y con el roce de tu piel, fui olvidando mis temores, mis tristezas y mis tropiezos.

Con tus dudas disfrzadas de inoscencia y mi neviosismo disfrazado de seguridad, poco a poco desnude tu alma. Y me encontré después de mucho tiempo de buscarme, en el reflejo de tus ojos.

Antes de que el sol llegara, me supe el primero en rozar tus labios y la obscuridad de la noche, me mostró el camino para tocar tu escencia.

Previo a la despedida estaba seguro de volverte a ver, pero ahora... dudo que hayas estado aqui.

Ha pasado un otoño desde que te descubrí tan pura... tan mía... y desde entonces no dejo de pensar en aquella noche que te vi...

... por unica vez.


Número 2

Yo (cuyo nombre no es importante) declaro en pleno uso de mis facultades, haber sido victima de un despojo.

Los hechos se sucitaron una noche, en tierra de aguas, en ese lugar donde el calor permite que se respire por la piel y las gotas de humedad danzan por los cuerpos desatando un torrente de pasiones.

Mi estancia en ese lugar era de paso, cuando de pronto, me tope con una mirada hipnotica y en seguida me sentí acorralado.

Después aparecieron unos labios, que camuflajeados de indiferencia me llevaron hasta un sitio donde no tenía escapatoria.

Me tomaron por sorpresa y antes de que pudiera reaccionar, ya tenía un par de manos rodeando mi cuerpo, recorriendolo palmo a palmo en busca de no se qué.

Fué en ese momento cuando mis manos salieron a mi rescate, convirtiendo aquello en una batalla cuerpo a cuerpo de la que solo uno saldría vencedor.

En la trifulca no solo participaron las manos, alguien llamó a los pies... los brazos... la nariz... los oidos... y el asunto agravó cuando llegó el corazón.

Para ese entonces, yo ya estaba demasiado agotado y (aprovechandose de eso) todos se unieron y me arrebataron el alma.

Yo me quedé tendido, con la fatiga de la batalla a cuestas, contemplando mi cuerpo inerte, tratando de entender lo sucedido...

Cuando el sol empezó a latiguearme con sus primeros rayos, ya había recuperado algo de movilidad, lo suficiente para ver como te envolvias en una gastada camisa verde y metias mi alma en una maleta para que te acompañara en tu camino.

Han pasado varios soles desde entonces... y aún espero sea atendida mi demanda para que devuelvas lo que aquella noche me robaste, o al menos... asegurarme que harás buen uso de ella, por que desde entonces... ya te pertenece.


1 comentario:

Anónimo dijo...

Hay señor, que le puedo decir que no le haya comentado antes...

Obvio no es la misma situación, pero conozco el sentimiento tan profundamente como ud.

En verdad que la vida se ha encargado de escupirnos en la cara la felicidad que se había cotidianizado.

Que gusto por ti, que gusto por mí y por las cosas que nos causan estos profundos sentimientos.

Un abrazo, de Objeto a Oso

Lobato